| |
Momentos
de Reflexión es un programa de laicos comprometidos en
la evangelizacion, del Municipio de Guatape, Antioquia, Republica
de Colombia.
Transmitido
en la emisora de la parroquial Cultural Estereo, y retransmitido
via web y otras emisoras que descargan nuestro programa.
ESCUCHA
NUESTRA EMISORA EN VIVO!
CLICK
AL MICROFONO! (no puedes tener bloqueo de ventanas emergentes
en tu navegador).

|
|


También
estamos en:

Puedes
encontrarlo en la opcion "Grupos", y luego
escribes " MOMENTOS DE REFLEXION".
Comentario
de CARLOS ANDRES LOAIZA CORREA,

Evangelio
Según San Mateo 23, 13-22
«¡Ay
de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis
a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis;
y a los que están entrando no les dejáis entrar.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas,
que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito,
y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación
el doble que vosotros!
«¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís:
"Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura
por el oro del Santuario, queda obligado!"
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante,
el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?
Y también: "Si uno jura por el altar, eso no es nada;
mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda
obligado."
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda,
o el altar que hace sagrada la ofrenda?
Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo
que está sobre él.
Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que
lo habita.
Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel
que está sentado en él.
¡Ay de vosotros!
En
1.996, tenia 19 años, era un estudiante en una academia de
aviación, recuerdo que yo en mi juventud, era una persona
idealista, pero al mismo tiempo, era imprudente e ingenuo. Recuerdo
que me encontraba iniciando mis primeros vuelos como “piloto
estudiante”; y me encontraba una mañana preparándome
para hacer mi primer vuelo de larga distancia, sin ningún
instructor que me acompañara.
Tenia
que despegar de una ciudad “A” y volar durante dos horas,
a una ciudad “B”. Se suponía que debía
salir antes de las 9 de la mañana, pues por la época
del año en que nos encontrábamos, si salía
mas tarde, podría ser alcanzado por una tormenta eléctrica.
Recuerdo
que camine al avión, y me encontré con un compañero,
este me miro un momento y me dijo de forma burlona “espero
que lleves pijama, pues te quedarás en esa ciudad durmiendo”.
Recuerdo que atrás de el, estaba mi instructor de vuelo,
el se acerca presurosamente y me dice “no te preocupes, te
prometo que estarás aquí de regreso, y dormirás
en tu casa esta noche”.
Sin
mas preámbulos, me monte en el avión, lo encendí,
y despegue en dirección a esa ciudad “B”. Todo
el viaje transcurrió normalmente, hasta que llegue a mi destino,
una pequeña pista, al lado de un lago. Aterricé y
mientras bajaba del avión, a cargar combustible para el regreso,
ser largó una tormenta eléctrica. En conclusión,
me quedé durmiendo en un sofá, en la sala del aeropuerto,
a pesar de la famosa promesa de mi instructor de vuelo.
¡No jures ¡
Te
he compartido esa experiencia de mi juventud, por que se asemeja
a lo que pasa en nuestras vidas, cuando contamos con nuestra voluntad,
nuestra palabra, pero no contamos con la voluntad y la palabra de
Dios.
En
la vida creemos que tenemos un destino, una meta, una finalidad,
y hacemos planes, así como yo prepare con un mapa, una ruta
para llegar de la ciudad “A” a la ciudad “B”.
Recibimos mensajes de alerta de Dios, recomendándonos tomar
acciones adecuadas, pero no les prestamos atención, así
como ese compañero que me dijo que estuviera preparado, y
pensara en quedarme durmiendo en ese lugar.
Pero
llegan otros, que creemos maestros, y nos dan malos consejos, y
nos envían, muchas veces a cometer errores, a recorrer caminos
equivocados. Ese instructor, aunque estoy seguro no tenia malas
intenciones, creyó que hacia algo bueno por mi, y me envío
a una noche en un sofá, y una incertidumbre para mi familia,
que no regrese a casa esa noche.
Además,
recorremos la vida, con un corazón confiado, pero no en Dios,
sino en nuestras fuerzas. Yo contaba con unos planes de retorno,
pero una tormenta me impidió regresar, no sirvió el
entrenamiento, ni el juicio del instructor, y menos el mío.
No sirvió un avión, que podía ir mas rápido
que cualquier nube, simplemente fui tragado por una tormenta, y
me obligo quedarme sentado esperando.
No
podemos confiar en nuestras propias fuerzas, ni podemos prometer
nada; mucho menos, podemos jurar por nadie, ni por nuestro nombre,
ni nuestras vidas, ni nuestros padres o hijos, ni por el cielo,
ni la tierra. ¡Todo es potestad de Dios!
Nosotros
como seres humanos, solo nos queda una cosa, acudir a la misericordia
de Dios, rogarle a El, que aplique sus propósitos, sus planes
en nuestras vidas.
Después
de 12 años, solo se que a medida que caminemos buscando el
camino de Dios, debemos tener un corazón dispuesto a aprender
todos los días.
Cristo
nos puede ayudar a ser dignas ofrendas, sacrificios agradables a
Dios, para que ante su altar, no seamos motivo de trasgresión,
sino de testimonio.
Para
memorizar
Mat
23:22 Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por
Aquel que está sentado en él.
Tesalonicenses 1:3 “Tenemos que dar en todo tiempo gracias
a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, porque vuestra fe
está progresando mucho y se acrecienta la mutua caridad de
todos y cada uno de vosotros”.
Salmo
95:4 “en sus manos están las honduras de la tierra,
y suyas son las cumbres de los montes”.
|